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CAPITALISMO DE LAS PARTES INTERESADAS VS PRIMACÍA DEL ACCIONISTA: DIFERENCIAS CLAVE E IMPLICACIONES

Comprender el choque entre el capitalismo de las partes interesadas y la primacía de los accionistas ayuda a explicar el futuro de la gobernanza empresarial.

La primacía del accionista es una teoría del gobierno corporativo que prioriza los intereses de los accionistas por encima de todos los demás grupos de interés. Según este modelo, la principal responsabilidad de los directores y gerentes de las empresas es maximizar el valor para los accionistas, lo que generalmente se refleja en la apreciación del precio de las acciones y los dividendos.El principio cobró relevancia en las décadas de 1970 y 1980, especialmente bajo la influencia del economista Milton Friedman, quien afirmó célebremente que «la responsabilidad social de las empresas es aumentar sus beneficios». Según Friedman y los defensores de la primacía del accionista, las empresas existen principalmente para servir a los intereses financieros de sus propietarios, es decir, los accionistas. Todas las demás consideraciones, como el bienestar de los empleados, la protección del medio ambiente o el impacto en la comunidad, son secundarias y solo se justifican si benefician la rentabilidad de los accionistas.En la práctica, la primacía del accionista ha moldeado las estrategias corporativas de muchas empresas que cotizan en bolsa. A menudo, esto lleva a priorizar la rentabilidad a corto plazo, medidas agresivas de reducción de costos y estructuras de compensación ejecutiva vinculadas al desempeño que priorizan las ganancias financieras inmediatas sobre la sostenibilidad a largo plazo.

Sin embargo, este modelo ha enfrentado crecientes críticas a lo largo de los años. Los críticos argumentan que un enfoque excesivo en la rentabilidad para los accionistas puede fomentar prácticas laborales explotadoras, daños ambientales y una planificación a largo plazo insuficiente. Eventos como la crisis financiera de 2008 no hicieron más que avivar el escepticismo, al revelar cómo las estrategias cortoplacistas podrían tener consecuencias sistémicas devastadoras.

A pesar de sus limitaciones, la primacía del accionista sigue siendo influyente, especialmente en mercados de capitales con fuertes protecciones para los inversores, como Estados Unidos y el Reino Unido. El derecho societario en muchas jurisdicciones también consagra tácitamente este principio, obligando a los directores a rendir cuentas ante los accionistas por defecto.

Aunque surgen modelos alternativos, incluido el capitalismo de los accionistas (que se analiza a continuación), el papel fundamental que desempeñan los intereses de los accionistas en la toma de decisiones corporativas sigue moldeando las empresas en todos los sectores. Desde la planificación estratégica hasta la inversión de capital, el énfasis en aumentar el valor para los accionistas sigue siendo un paradigma dominante en gran parte de la arquitectura financiera del mundo.

El capitalismo de las partes interesadas es un enfoque de gobernanza corporativa que busca equilibrar los intereses de todas las partes interesadas dentro de una empresa: accionistas, empleados, clientes, proveedores, comunidades y medio ambiente. A diferencia de la primacía del accionista, que se centra exclusivamente en maximizar sus beneficios, el capitalismo de las partes interesadas aboga por una distribución más amplia del valor y la responsabilidad.Este concepto no es del todo nuevo; sin embargo, ha cobrado renovada atención en el siglo XXI, especialmente a medida que las cuestiones sociales, ambientales y de gobernanza (ESG) han cobrado protagonismo en la conciencia pública. En 2019, la Mesa Redonda Empresarial, una destacada asociación de directores ejecutivos estadounidenses, emitió una declaración pionera que redefinía el propósito de una corporación para promover «una economía que sirva a todos los estadounidenses». Esto marcó un cambio importante respecto del dogma centrado en el accionista.Los defensores del capitalismo de las partes interesadas argumentan que la creación de valor a largo plazo requiere que las empresas fomenten relaciones saludables con todas las partes interesadas. Por ejemplo, un trato justo a los empleados puede conducir a una mayor retención y productividad. Las prácticas éticas en la cadena de suministro pueden mitigar el riesgo reputacional. Las empresas que se preocupan por su impacto ambiental pueden atraer a consumidores e inversores preocupados por la sostenibilidad.

Además, el capitalismo de las partes interesadas se alinea con los principios de responsabilidad social corporativa (RSC) y desarrollo sostenible. Anima a las empresas a considerar el impacto ambiental y social de sus operaciones, adoptar estructuras de gobernanza transparentes y relacionarse de forma más responsable con sus comunidades.

La implementación del capitalismo de las partes interesadas puede adoptar diversas formas. Algunas empresas integran métricas ESG en los paquetes de compensación de sus ejecutivos. Otras establecen comités de sostenibilidad o emiten informes integrados que van más allá de la divulgación financiera para abarcar el desempeño social y ambiental. Estándares de certificación como B Corp también codifican valores centrados en las partes interesadas en las estructuras corporativas.

Sin embargo, no está exento de desafíos. Equilibrar las necesidades de múltiples grupos de partes interesadas puede complicar la toma de decisiones y diluir la rendición de cuentas. También puede resultar difícil cuantificar los resultados no financieros, lo que puede dificultar la evaluación del desempeño. A los críticos les preocupa que, sin respaldo legal, el capitalismo de las partes interesadas pueda ser poco más que una fachada reputacional. A pesar de estas complicaciones, el impulso está cobrando impulso. Los inversores, en particular los institucionales, integran cada vez más criterios ESG en sus estrategias de cartera. Los reguladores de la Unión Europea y de otros países exigen medidas más amplias de transparencia y sostenibilidad. En este contexto, el capitalismo de las partes interesadas se está convirtiendo menos en una alternativa y más en una norma en evolución.

Las inversiones le permiten aumentar su patrimonio con el tiempo al invertir su dinero en activos como acciones, bonos, fondos, bienes raíces y más, pero siempre implican riesgos, como la volatilidad del mercado, la posible pérdida de capital y la inflación que erosiona los rendimientos. La clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Las inversiones le permiten aumentar su patrimonio con el tiempo al invertir su dinero en activos como acciones, bonos, fondos, bienes raíces y más, pero siempre implican riesgos, como la volatilidad del mercado, la posible pérdida de capital y la inflación que erosiona los rendimientos. La clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

El debate entre la primacía del accionista y el capitalismo de las partes interesadas pone de relieve dos visiones fundamentalmente diferentes sobre cómo deben operar las empresas y a quiénes deben servir. Esta comparación arroja luz sobre sus respectivas implicaciones para la gobernanza, la ética y la sostenibilidad a largo plazo.1. Estructura de gobernanza y rendición de cuentasEn un modelo de primacía del accionista, el gobierno corporativo es relativamente sencillo: los directores de la empresa tienen un deber fiduciario principalmente con los accionistas. Este enfoque singular simplifica las métricas de rendimiento y proporciona líneas claras de rendición de cuentas.En cambio, el capitalismo de las partes interesadas implica una estructura de gobernanza más compleja. Los directores deben considerar intereses múltiples, y a veces contradictorios. Si bien esto puede parecer complejo, sus defensores argumentan que fomenta la supervisión holística y reduce el riesgo de externalidades perjudiciales, como la degradación ambiental o las desigualdades sociales. Horizonte temporal y estrategia

La primacía de los accionistas suele llevar a las organizaciones a priorizar las ganancias a corto plazo, como los resultados trimestrales, por encima de las estrategias sostenibles a largo plazo. Esto puede frenar la innovación y la resiliencia. El capitalismo de las partes interesadas, por su naturaleza, promueve el pensamiento a largo plazo. Las empresas se ven incentivadas a construir sistemas duraderos para gestionar la satisfacción de la fuerza laboral, las relaciones con la comunidad y la eficiencia de los recursos.

3. Gestión de riesgos y resiliencia

Centrarse únicamente en la rentabilidad para los accionistas puede exponer a las empresas a riesgos reputacionales, legales y operativos, especialmente en áreas como el impacto ambiental o la responsabilidad social. Los modelos centrados en las partes interesadas pueden crear empresas más robustas al diversificar el alcance de la gestión de riesgos en diversas áreas, como el cambio climático y el bienestar de los trabajadores.

4. Consideraciones éticas

El capitalismo de las partes interesadas se sustenta en un argumento moral: las empresas tienen la responsabilidad no solo de enriquecer a sus inversores, sino también de contribuir positivamente a la sociedad. Si bien la primacía del accionista suele ser criticada por fomentar comportamientos explotadores o extractivos, los marcos de gobernanza de las partes interesadas impulsan a las empresas hacia la toma de decisiones ética y la creación de valor social.

5. Respaldo legal e implementación

La implementación del capitalismo de las partes interesadas aún está en evolución. Si bien la primacía del accionista está arraigada en el derecho corporativo en muchas jurisdicciones, el capitalismo de las partes interesadas carece de marcos legales consistentes. Esta discrepancia puede resultar en la adopción arbitraria o superficial de iniciativas relacionadas con las partes interesadas. Sin embargo, recientes cambios legislativos, como la Directiva de la Unión Europea sobre la Información de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), sugieren que esto podría cambiar.

6. Percepción del mercado y tendencias de inversión

La percepción de los inversores está cambiando. La inversión centrada en ESG continúa ganando terreno, y las agencias de calificación ahora evalúan a las empresas basándose en una amplia gama de indicadores de rendimiento que van más allá de la rentabilidad financiera. Las empresas que se alinean con los principios de las partes interesadas pueden beneficiarse de ventajas competitivas, como la fidelización de clientes, el capital reputacional y el acceso a financiación sostenible.En conclusión, la elección entre el capitalismo de las partes interesadas y la primacía de los accionistas refleja, en última instancia, diferentes prioridades y compensaciones. Si bien la primacía de los accionistas ofrece claridad y eficiencia, puede resultar insuficiente para abordar los complejos e interdependientes desafíos de la sociedad moderna. El capitalismo de las partes interesadas propone una visión más inclusiva, aunque compleja, que aspira a integrar la rentabilidad con la responsabilidad.

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