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EQUILIBRAR LAS GANANCIAS A CORTO PLAZO CON EL VALOR A LARGO PLAZO

Explore cómo las empresas sopesan las ganancias a corto plazo con las ambiciones de crecimiento sostenible.

Comprensión de los objetivos financieros a corto y largo plazo

Las ganancias a corto plazo y la creación de valor a largo plazo son dos objetivos fundamentales que impulsan la estrategia empresarial, la planificación financiera y las relaciones con los inversores. Mientras que las ganancias a corto plazo se centran en las ganancias inmediatas dentro de un trimestre o año fiscal, el valor a largo plazo se centra principalmente en el crecimiento sostenible, el valor de marca, la innovación y el valor para los accionistas a lo largo de años o décadas. Lograr el equilibrio adecuado entre ambos es fundamental para la resiliencia empresarial y la competitividad a largo plazo.

Las empresas se encuentran bajo una presión constante para cumplir con las expectativas de ganancias trimestrales. Estos informes son analizados minuciosamente por analistas, inversores institucionales y accionistas, lo que influye en los precios de las acciones y la percepción de la eficacia de la gestión. Sin embargo, un enfoque excesivo en el rendimiento a corto plazo puede llevar a una inversión insuficiente en innovación, investigación y desarrollo, capital humano e iniciativas ambientales o sociales, todos los cuales generan valor a largo plazo.

Por otro lado, priorizar los objetivos a largo plazo y descuidar la estabilidad financiera a corto plazo también puede poner en peligro la viabilidad de una empresa. Sin un sólido flujo de caja y un buen rendimiento de las ganancias, una empresa puede tener dificultades para financiar sus operaciones, atraer talento o conseguir el apoyo de los inversores.

Comprender la diferencia entre estas dos perspectivas estratégicas es el primer paso para gestionarlas eficazmente:

  • Beneficios a corto plazo: Generalmente se refiere a los objetivos de beneficios trimestrales o anuales, guiados por el rendimiento de los ingresos, el control de costes y la eficiencia operativa.
  • Valor a largo plazo: Abarca factores como la ventaja competitiva, el liderazgo en el mercado, la fidelización de los clientes, el potencial de innovación y el rendimiento ambiental, social y de gobernanza (ESG).

Equilibrar estos dos objetivos requiere la alineación entre el liderazgo ejecutivo, los equipos de planificación financiera y las expectativas de los inversores. Un gobierno responsable, el establecimiento de objetivos realistas y la comunicación estratégica son esenciales para mantener la credibilidad mientras se persiguen las ambiciones a largo plazo.

Además, las métricas utilizadas para medir el éxito financiero deben evolucionar. Si bien el BPA (beneficio por acción) y el EBITDA son indicadores útiles para el rendimiento a corto plazo, métricas más amplias como el ROIC (retorno del capital invertido), el TSR (retorno total para el accionista) y las puntuaciones ESG brindan visibilidad sobre la salud a largo plazo de una empresa y su impacto sostenible. Al establecer marcos que valoran tanto el rendimiento de las ganancias como las inversiones estratégicas para el crecimiento futuro, las empresas están mejor posicionadas para prosperar en un entorno de mercado competitivo y en constante cambio. La clave reside en un enfoque de cuadro de mando integral que integre KPI financieros y no financieros.

Por qué las empresas priorizan las ganancias a corto plazoEl énfasis en las ganancias a corto plazo surge de una combinación de expectativas del mercado, dinámicas de los inversores y prácticas regulatorias. Los informes trimestrales de ganancias son un pilar de los mercados financieros modernos, ya que ofrecen transparencia y promueven la liquidez. Sin embargo, esta frecuencia también intensifica la demanda de resultados rápidos.

Las empresas se ven motivadas a generar ganancias a corto plazo por las siguientes razones:

  • Expectativas del mercado: Las empresas que cotizan en bolsa se evalúan por su capacidad para cumplir con las previsiones de ganancias de los analistas, lo que influye en el precio de las acciones y la confianza de los inversores.
  • Incentivos para los ejecutivos: Los paquetes de compensación vinculados al rendimiento de las acciones o a métricas a corto plazo pueden fomentar decisiones que impulsen los resultados inmediatos.
  • Composición de los inversores: Los inversores activistas o los fondos de cobertura suelen favorecer las rentabilidades rápidas, lo que impulsa a la dirección a centrarse en la reducción de costes o las desinversiones.
  • Transparencia del rendimiento: La presentación de informes periódicos mantiene a la dirección responsable y ayuda a detectar problemas financieros con mayor antelación.

También existen razones empresariales prácticas para enfatizar las ganancias a corto plazo. Las empresas con buenos resultados trimestrales pueden:

  • Obtener mejores condiciones crediticias y calificaciones de inversión.
  • Demostrar disciplina operativa y control de márgenes.
  • Generar confianza durante la volatilidad del mercado o las recesiones económicas.

Sin embargo, un énfasis excesivo en el cortoplacismo puede llevar a:

  • Reducción de la innovación: Recortar la I+D para mejorar los márgenes puede frenar los impulsores del crecimiento futuro.
  • Inestabilidad laboral: Los despidos o la reducción de beneficios para cumplir con los objetivos de costos pueden perjudicar la moral y la retención.
  • Daño a la reputación: Los proveedores, clientes y socios pueden perder la confianza en una empresa que prioriza las cifras sobre las relaciones.

Cabe destacar que las empresas que cotizan en bolsa no son las únicas que enfrentan presiones a corto plazo. Las empresas privadas con respaldo de capital riesgo o con obligaciones de deuda agresivas también pueden verse centradas en alcanzar rápidamente sus objetivos de rentabilidad. A pesar de estos desafíos, un número creciente de partes interesadas, especialmente los inversores institucionales, exigen una transición hacia prácticas comerciales sostenibles y responsables. Esto incluye evaluar el valor a largo plazo y animar a las empresas a comunicar su estrategia para equilibrar el rendimiento inmediato con el posicionamiento futuro. Aquí es donde entran en juego la planificación estratégica, la formación de los inversores y un liderazgo resiliente. La dirección de la empresa no solo debe rendir para el presente, sino también sentar las bases para un valor empresarial duradero.

Las inversiones le permiten aumentar su patrimonio con el tiempo al invertir su dinero en activos como acciones, bonos, fondos, bienes raíces y más, pero siempre implican riesgos, como la volatilidad del mercado, la posible pérdida de capital y la inflación que erosiona los rendimientos. La clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Las inversiones le permiten aumentar su patrimonio con el tiempo al invertir su dinero en activos como acciones, bonos, fondos, bienes raíces y más, pero siempre implican riesgos, como la volatilidad del mercado, la posible pérdida de capital y la inflación que erosiona los rendimientos. La clave es invertir con una estrategia clara, una diversificación adecuada y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Estrategias para la Creación de Valor a Largo PlazoLa creación de valor a largo plazo es más que una aspiración corporativa; es una estrategia integral que integra consideraciones financieras, operativas y éticas. Implica tomar decisiones con visión de futuro hoy que generen beneficios duraderos para los clientes, los empleados, los accionistas y la sociedad. Para lograrlo, las organizaciones deben adoptar estrategias que refuercen el éxito sostenible y, al mismo tiempo, cumplan con sus responsabilidades financieras actuales.

A continuación, se presentan estrategias clave que las empresas pueden utilizar para generar valor a largo plazo:

  • Asignación estratégica de capital: Invertir en innovación, infraestructura y transformación digital impulsa la competitividad y la eficiencia a largo plazo.
  • Crecimiento centrado en el cliente: Comprender los comportamientos cambiantes de los consumidores y ofrecer un valor consistente fomenta la lealtad y la resiliencia del mercado.
  • Desarrollo del talento: Construir una fuerza laboral de alto rendimiento y comprometida mediante la capacitación, la inclusión y el desarrollo del liderazgo impulsa la productividad y la innovación.
  • Gobierno corporativo sólido: La transparencia, la ética y la rendición de cuentas sustentan la confianza de los inversores y el cumplimiento normativo.
  • Énfasis en ESG: Integrar consideraciones ambientales, sociales y de gobernanza en las operaciones refleja las demandas más amplias de las partes interesadas y reduce los riesgos a largo plazo.
  • Planificación de escenarios y Gestión de riesgos: Anticipar futuras disrupciones y alinear la agilidad estratégica ayuda a las organizaciones a responder de forma adaptativa y proteger el flujo de caja futuro.

Además, las empresas deberían revisar sus métricas de rendimiento. Si bien el EBITDA muestra la rentabilidad actual, la salud a largo plazo depende de métricas como:

  • Retorno del capital empleado (ROCE): Mide la eficiencia operativa en la generación de beneficios del capital.
  • Valor de vida del cliente (CLV): Indica la rentabilidad de un cliente a largo plazo, mostrando la adecuación del producto al mercado y su satisfacción.
  • Compromiso de los empleados: Una alta satisfacción interna suele correlacionarse con una alta productividad e innovación.

Un factor crucial del valor a largo plazo es la comunicación constante. Las empresas deben comunicar de forma proactiva cómo las decisiones actuales contribuyen a los objetivos a largo plazo. Esta narrativa debería influir en las relaciones con los inversores, las presentaciones de resultados, los informes anuales y las actualizaciones estratégicas.

Varias empresas globales han demostrado que las estrategias a largo plazo pueden generar impresionantes rentabilidades para los inversores. Por ejemplo, las empresas que invirtieron tempranamente en la transición a energías renovables, tecnologías en la nube o automatización suelen superar a sus competidores. Estas organizaciones demuestran que el valor a largo plazo y el rendimiento financiero superior no son mutuamente excluyentes, sino simbióticos cuando se ejecutan con eficacia.

Por último, es fundamental adoptar una cultura corporativa que premie la disciplina y la visión por encima de las ganancias a corto plazo. El compromiso del liderazgo, los cuadros de mando integrales y los incentivos alineados permiten a los líderes dirigir la empresa de forma responsable. El objetivo no es abandonar los objetivos a corto plazo, sino integrarlos en un marco de planificación estratégica duradera para la creación de valor sostenible.

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