CÓMO LAS TASAS DE UTILIZACIÓN PREDICEN LA INFLACIÓN Y LOS CICLOS ECONÓMICOS
Aprenda cómo las tasas de utilización pronostican la inflación y los cambios económicos
¿Cómo se calculan las tasas de utilización?
La utilización de la capacidad se calcula generalmente dividiendo la producción real entre la producción potencial o máxima y multiplicando el resultado por 100 para expresarlo como porcentaje. La fórmula es:
Tasa de utilización (%) = (Producción real / Producción máxima posible) × 100
Estas cifras suelen obtenerse de encuestas a fabricantes o compilarse mediante modelos macroeconómicos. En Estados Unidos, por ejemplo, la Reserva Federal publica actualizaciones periódicas sobre las tasas de utilización industrial, provenientes de diversos sectores industriales, como la manufactura, la minería y los servicios públicos.
Importancia de la Utilización en un Contexto Más Amplio
Además de ser un barómetro de la eficiencia industrial, las tasas de utilización tienen implicaciones económicas más amplias. Ofrecen a inversores, analistas y responsables políticos información sobre:
- Riesgo de inflación: Un alto uso de la capacidad puede generar restricciones de la oferta, lo que impulsa el alza de los precios de los bienes y servicios.
- Inversión empresarial: Es más probable que las empresas inviertan en nuevas plantas y equipos cuando la utilización es alta, lo que impulsa el crecimiento económico.
- Dinámica del mercado laboral: Un mayor uso de recursos suele traducirse en un mayor crecimiento del empleo y los salarios.
Una de las relaciones críticas que observan los economistas es la que existe entre la utilización de la capacidad y la inflación. La teoría postula que, a medida que se intensifica el uso de recursos, también lo hace la probabilidad de inflación. ¿Por qué? Cuando las empresas operan cerca de su capacidad máxima, cualquier demanda adicional puede sobrecargar las cadenas de suministro, lo que genera mayores costos de insumos y, en última instancia, un aumento de los precios al consumidor.
Esta dinámica concuerda con el marco de la Curva de Phillips, que históricamente sugería una relación inversa entre el desempleo y la inflación. Sin embargo, en las últimas décadas, la precisión de la Curva de Phillips se ha visto sustituida o complementada por la exploración de indicadores de capacidad más amplios, incluidas las tasas de utilización.
Evidencia empírica de la relación
Los datos históricos ofrecen varios ejemplos en los que el aumento de las tasas de utilización precedió a las tendencias inflacionarias. A finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, por ejemplo, la utilización de la capacidad en el sector manufacturero superó el 85 % en Estados Unidos, un nivel generalmente considerado inflacionario. Los trimestres posteriores experimentaron una presión al alza en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y el Índice de Precios al Productor (IPP), especialmente en los sectores de bienes duraderos.
Por el contrario, durante las recesiones económicas, como la crisis financiera de 2008 o la recesión provocada por la pandemia en 2020, la utilización se desplomó muy por debajo del 70 %. Este colapso estuvo acompañado de desinflación y, en algunos sectores, de deflación total, al evaporarse la demanda.
Límite Teórico para las Tasas de Utilización
Si bien una utilización del 100 % de la capacidad es teóricamente posible, en la práctica rara vez se alcanza debido al mantenimiento, la rotación de turnos y las ineficiencias. La mayoría de los economistas consideran que el 80 %-85 % es el umbral a partir del cual comienzan a surgir presiones inflacionarias. Este rango se conoce comúnmente como «tasa de utilización no inflacionaria». Monitorear cuándo se acerca o se supera este umbral ofrece un mecanismo práctico para anticipar las fluctuaciones de precios.
Implicaciones de Política para la Gestión de la Inflación
Los bancos centrales monitorean de cerca las tasas de utilización para fundamentar las decisiones de política monetaria. Si una alta utilización indica inflación futura, las respuestas políticas pueden incluir subir las tasas de interés para frenar la demanda. Por el contrario, durante períodos de baja utilización, las autoridades pueden introducir medidas de estímulo para reactivar la actividad económica, como recortes de tasas o expansión cuantitativa. Comprender esta conexión fortalece el poder predictivo de los datos de utilización para configurar los marcos de política y las expectativas de inflación.
Tasas de Utilización como Indicadores Económicos
Las tasas de utilización no solo reflejan las condiciones económicas actuales, sino que también sirven como indicadores adelantados de los puntos de inflexión del ciclo económico. Al rastrear las fluctuaciones en el uso de recursos, los analistas pueden inferir si una economía se está expandiendo, estancando o contrayendo. Los sectores con gran volumen de capital, como la manufactura y los servicios públicos, son particularmente sensibles a los cambios en la demanda, lo que hace que sus tendencias de utilización sean invaluables para la previsión económica general.
Cómo la Utilización Sigue el Ciclo Económico
Durante las primeras etapas de una expansión, las tasas de utilización aumentan a medida que se reactiva la capacidad ociosa para satisfacer la recuperación de la demanda. A mitad del ciclo, la utilización tiende a estabilizarse en niveles altos, lo que sostiene la producción y mantiene la inflación bajo control. A medida que el crecimiento se acelera en las últimas fases del ciclo, las tasas suelen ascender hacia su techo no inflacionario (normalmente en torno al 85%), lo que presiona los precios e impulsa subidas de los tipos de interés o medidas de enfriamiento.
En las recesiones, las primeras señales de un debilitamiento de la demanda suelen manifestarse en la disminución de las tasas de utilización. Las empresas comienzan a reducir la producción, retrasar la inversión de capital y despedir trabajadores, señales que, en general, presagian una recesión. Al ser una medida directa de la actividad productiva, la utilización puede ser más sensible que las cifras del PIB, que se informan con retrasos y revisiones.
Estudios de caso de puntos de inflexión
Por ejemplo, en el período previo a la Gran Recesión de 2008, la utilización industrial en Estados Unidos cayó de forma constante, pasando de más del 81 % en 2007 a menos del 67 % a mediados de 2009. Esta disminución comenzó mucho antes de que los datos del PIB confirmaran la contracción económica, lo que la convierte en un indicador adelantado eficaz. De manera similar, durante la pandemia de COVID-19, amplios sectores de la industria mundial paralizaron sus operaciones, lo que provocó un colapso en la utilización que presagió la fuerte contracción económica confirmada posteriormente por las estadísticas oficiales.
Implicaciones para la inversión y la planificación estratégica
Para los inversores, comprender las tendencias de utilización permite una asignación de activos informada. Cuando la utilización aumenta dentro de un rango sostenible, es un buen augurio para las acciones en industrias con uso intensivo de capital. Cuando las tasas alcanzan su punto máximo y comienzan a bajar, lo que indica una posible desaceleración, puede ser prudente recurrir a activos defensivos como bonos o acciones de bienes de consumo básico. Las empresas también pueden utilizar las métricas de utilización para la planificación de la capacidad, la gestión de inventarios y las decisiones estratégicas de inversión, alineando las operaciones con las tendencias económicas previstas.
Por lo tanto, las tasas de utilización funcionan no solo como métricas de la actividad actual, sino como herramientas poderosas para anticipar la trayectoria futura de la inflación, los ciclos económicos y el rendimiento del mercado.