¿DEBERÍAN LOS ASESORES MOSTRAR POR OPORTUNIDAD MÉTRICAS DE DESEMPEÑO AJUSTADAS A LA INFLACIÓN?
Los asesores podrían optar por utilizar métricas ajustadas a la inflación para reflejar el verdadero desempeño de la cartera y mantener la transparencia.
Existen sólidas razones para considerar el ajuste por inflación como una buena práctica. En primer lugar, alinea las rentabilidades reportadas con la realidad económica general. En segundo lugar, facilita una evaluación comparativa adecuada al comparar los resultados de las inversiones con alternativas indexadas a la inflación, como los Valores del Tesoro Protegidos contra la Inflación (TIPS). En tercer lugar, contribuye a la educación financiera, ya que los clientes aprenden a separar las ganancias nominales de las reales. Esta comprensión más profunda fomenta la confianza a largo plazo y aumenta la percepción de valor en los servicios de asesoría.
Sin embargo, persisten desafíos. Los clientes a menudo prefieren cifras nominales más altas, y algunos asesores pueden ser reticentes a presentar rentabilidades reales más bajas, pero más precisas. También puede haber problemas de disponibilidad de datos en ciertas plataformas de informes tradicionales que carecen de funciones integradas de ajuste por inflación. Sin embargo, abordar estos obstáculos es un paso necesario para mejorar la comunicación y una práctica de asesoramiento responsable.En resumen, si bien las rentabilidades nominales son más fáciles de calcular y, a menudo, más atractivas en teoría, utilizar métricas ajustadas a la inflación ofrece una representación más fiel del rendimiento, especialmente en entornos inflacionarios. Dado que la inflación sigue siendo una preocupación a nivel mundial, este podría ser el momento ideal para que los asesores adopten este cambio en sus prácticas de presentación de informes.
El ajuste a la inflación también mejora la toma de decisiones informada. Los clientes que ven métricas ajustadas a la inflación son más propensos a priorizar inversiones que generen un valor real sostenible, en lugar de dejarse impresionar por cifras nominales infladas por las fuerzas macroeconómicas. Esto alinea las estrategias de cartera con resultados realistas, lo que podría conducir a una mayor satisfacción del cliente y una mayor retención.
Desde el punto de vista regulatorio y de cumplimiento, existe un creciente énfasis en la transparencia y la representación justa en las comunicaciones con los clientes. Varios organismos de supervisión en los mercados globales han subrayado la importancia de presentar los datos de forma comprensible y significativa, un objetivo que se logra mejor con cifras reales de rendimiento. A medida que la regulación evoluciona, las mejores prácticas que sugieren el ajuste a la inflación podrían pasar de ser opcionales a estándares esperados.
Por último, la transición a informes ajustados a la inflación también puede actuar como un factor diferenciador en un panorama de asesoramiento competitivo. Cuando muchas empresas continúan presentando datos nominales, aquellas que adoptan la transparencia y la relevancia para el mundo real pueden establecer una mayor credibilidad y ganarse la confianza de los clientes con conocimientos financieros.
Instruir a los clientes es quizás el elemento más crucial. No todos los clientes, especialmente aquellos que se inician en la inversión, comprenden intuitivamente la diferencia entre la rentabilidad real y la nominal. Los asesores deben comunicar de forma proactiva la justificación del cambio, utilizando ejemplos y herramientas visuales como gráficos ajustados a la inflación. Podrían mostrar comparaciones de dos escenarios de inversión (antes y después de la inflación) para destacar la mayor precisión de las métricas de rentabilidad real.
Para facilitar la aceptación, es útil plantear el cambio en términos centrados en el cliente. Por ejemplo: "Queremos asegurarnos de que aumente su poder adquisitivo futuro, no solo el saldo nominal de su cuenta". Este lenguaje sitúa los objetivos del cliente en el centro de la metodología de ajuste y genera confianza en las recomendaciones del asesor.
Además, el cumplimiento normativo y la divulgación de información también deben actualizarse en consecuencia. Las etiquetas de las métricas deben indicar claramente si las cifras son nominales o reales para evitar impresiones engañosas. La documentación debe explicar la metodología, incluyendo el índice de inflación utilizado y cómo se aplica a los datos de rendimiento.
A pesar de los obstáculos iniciales, las ganancias a largo plazo son sustanciales. Los informes ajustados a la inflación no solo reflejan mejor la verdadera efectividad de la inversión, sino que también posicionan a los asesores como profesionales con visión de futuro que priorizan los resultados del cliente sobre el marketing.
A medida que la inflación continúa transformando las decisiones económicas a nivel mundial, la tendencia hacia la presentación de informes de rentabilidad real podría convertirse pronto en una práctica habitual. Los asesores con visión de futuro que integren esto ahora pueden disfrutar de una ventaja competitiva y reforzar la confianza del cliente en un entorno financiero cada vez más complejo.