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¿BOE SUBDESTIMA EL VALOR ECONÓMICO DE LA PRODUCCIÓN CON GAS FUENTE PESADA?
Es posible que el BOE no refleje plenamente la rentabilidad de los activos con alto consumo de gas
En el sector energético, el barril de petróleo equivalente (BPE) es una métrica comúnmente utilizada para comparar diversas formas de producción energética de petróleo, gas y otros hidrocarburos. Si bien es conveniente, esta unidad estandarizada presenta limitaciones significativas, especialmente al evaluar carteras con alto contenido de gas natural. Algunos analistas argumentan que la métrica del BPE subestima el valor económico de la producción rica en gas, especialmente en regiones con una fuerte demanda de gas natural y una dinámica de mercado favorable. El gas natural, medido en BPE, no siempre refleja su rentabilidad relativa ni su potencial de mercado. Esto se debe a las diferencias en precios, costos de producción, infraestructura y acceso al mercado, que pueden sesgar la precisión de las evaluaciones basadas en BPE. Como resultado, los productores upstream ponderados por gas pueden parecer menos valiosos en comparación con las empresas con alto contenido de petróleo desde la perspectiva del BOE, incluso cuando sus rendimientos y flujos de caja reales son competitivos o superiores.
Este artículo explora las complejidades del BOE como unidad de medida, evalúa por qué puede subestimar el valor económico de la producción con alto contenido de gas y sugiere maneras en que los inversores y analistas pueden evaluar mejor el rendimiento económico y el potencial de estos activos.
El barril de petróleo equivalente (BPE) se ha convertido en una métrica universal en la industria del petróleo y el gas, con el objetivo de proporcionar un método estandarizado para comparar los volúmenes de energía de los distintos tipos de hidrocarburos. Permite la agregación de petróleo, gas natural y, en ocasiones, incluso líquidos de gas natural (LGN) en una única medida basada en el volumen. Sin embargo, si bien el BPE es útil para facilitar una visión general de la producción energética, introduce varias distorsiones críticas cuando se aplica a las valoraciones de proyectos o empresas, especialmente aquellas con un sesgo importante hacia la producción de gas natural.Una de las limitaciones fundamentales del BPE es que se basa en la equivalencia energética, no en la económica. Tradicionalmente, el gas natural se convierte a BPE mediante una tasa de conversión térmica, generalmente de 6000 pies cúbicos de gas por BPE. Esta tasa asume una equivalencia basada en el contenido energético, no en el valor económico. Sin embargo, el precio de mercado del petróleo y el gas suele divergir sustancialmente, y los rendimientos económicos varían drásticamente según la ubicación, las estructuras contractuales y la infraestructura downstream.
Por ejemplo, consideremos dos productores upstream: uno centrado en el petróleo crudo y el otro predominantemente en el gas natural. Utilizando los volúmenes de barriles equivalentes de petróleo (BPE), ambos pueden parecer iguales en producción. Sin embargo, debido a las diferencias de precios —como el petróleo West Texas Intermediate (WTI) a 80 dólares por barril frente al gas natural Henry Hub a 2,50 dólares por MMBtu—, los ingresos generados por BPE difieren considerablemente. Por lo tanto, equiparar su producción basándose únicamente en el contenido energético puede generar percepciones sesgadas de la rentabilidad y el valor de los activos.
Otro problema surge al considerar los costos. La extracción y el procesamiento de gas natural a menudo conllevan sus propios desafíos económicos y regulatorios. Sin embargo, en algunas regiones —como América del Norte—, la infraestructura de gas asociada, los menores costos de extracción y el acceso a los mercados de GNL premium pueden hacer que la producción de gas sea más atractiva económicamente a pesar de su menor precio de mercado por unidad de energía. Una comparación estricta con el BOE puede pasar por alto estos matices.
Además, la métrica del BOE puede ocultar la importancia estratégica y el valor futuro del gas en escenarios de descarbonización. A medida que el sistema energético global realiza la transición hacia combustibles más limpios, el gas natural suele considerarse un combustible puente debido a su menor intensidad de carbono. Esta perspectiva de una demanda creciente y sostenida aumenta su valor a largo plazo, una dimensión que el BOE no capta adecuadamente.
En resumen, si bien el BOE proporciona simplicidad y comparabilidad para las cifras principales, no logra comunicar con precisión los aspectos económicos subyacentes de la producción con alto contenido de gas. Para los analistas e inversores energéticos, complementar las métricas del BOE con datos económicos, como los precios realizados, los márgenes de efectivo y el retorno sobre el capital empleado (ROCE), es esencial para una evaluación adecuada.
Los productores centrados en el gas natural, que a menudo operan en regiones como las formaciones Marcellus, Haynesville o Montney, pueden verse infravalorados cuando los inversores se basan demasiado en métricas centradas en el BOE. El atractivo económico de estos activos puede verse distorsionado si los analistas ignoran los mecanismos de mercado que impulsan tanto la demanda como el valor del gas natural a nivel global y regional.A diferencia del petróleo, que se negocia principalmente con índices de referencia globales, el gas natural es en gran medida un commodity regional, con centros de precios diferenciados como el Henry Hub en EE. UU., el Title Transfer Facility (TTF) en Europa y el Japan Korea Marker (JKM) en Asia. Esta localización puede generar divergencias sustanciales de precios que, si se promedian o estandarizan a través del BOE, ocultan los verdaderos perfiles de ingresos o márgenes de las operaciones con un alto componente de gas.Hay casos en los que los productores con un alto componente de gas superan a sus pares centrados en el petróleo en términos de rentabilidad del capital o flujo de caja libre, a pesar de mostrar ingresos moderados por BOE. Por ejemplo, los productores que exportan gas natural licuado (GNL) se benefician del arbitraje entre cuencas de bajo costo y mercados premium en Asia y Europa. El enfoque BOE no considera los precios realizados favorables ni la base de bajos costos que permite márgenes sustanciales. En consecuencia, las valoraciones de capital basadas únicamente en la producción ajustada al BOE pueden infravalorar los modelos de negocio centrados en el gas, especialmente aquellos que integran infraestructuras midstream y de exportación.
Además, las políticas regulatorias y los compromisos de cero emisiones netas apoyan cada vez más el crecimiento del uso de gas natural en sectores como la generación de energía y la energía industrial. Los principales mercados asiáticos, por ejemplo, están invirtiendo en terminales de importación de gas y centrales eléctricas a gas para reemplazar el carbón, una tendencia a largo plazo que aumenta la relevancia económica del gas. Los productores posicionados para atender esos mercados pueden obtener valoraciones superiores en un contexto prospectivo, que no se reflejan en los agregados de BOE.
Además, la producción de gas suele presentar tasas de declive más bajas en comparación con ciertas áreas petroleras, lo que sugiere una vida útil más larga y flujos de caja más estables. Esto añade un valor intrínseco adicional, especialmente en un entorno de capital limitado, donde la consistencia y el retorno de la inversión (ROI) son primordiales. Sin embargo, estos factores permanecen en gran medida invisibles en el formato estandarizado de BOE, que no considera la calidad de las reservas ni el rendimiento del ciclo de vida.
Las implicaciones para la inversión son considerables. Las empresas con un alto volumen de gas pueden enfrentar dificultades para acceder al capital o una menor capitalización bursátil, no debido a ineficiencias operativas, sino a que los marcos de valoración clave no reflejan la verdadera economía a nivel de proyecto. Esto distorsiona los flujos de capital y la asignación de recursos en todo el sector energético, posiblemente subvalorando activos con gran relevancia estratégica en un futuro con bajas emisiones de carbono. Para corregir esto, las compañías energéticas han comenzado a presentar métricas complementarias como el netback del gas, el EBITDA a nivel de segmento y los precios de equilibrio ponderados por el gas. Estas divulgaciones alternativas buscan subsanar la brecha informativa causada por las limitaciones del BOE, ofreciendo a los inversores una perspectiva más precisa del rendimiento de los activos de gas.
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