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¿POR QUÉ LA DECLIVE DE LOS YACIMIENTOS PETROLEROS PLANTEA RIESGOS A LARGO PLAZO PARA LA OFERTA Y LOS PRECIOS?

Los riesgos para el suministro mundial de petróleo aumentan a medida que los yacimientos maduros disminuyen, lo que genera preocupaciones a largo plazo sobre los precios y la seguridad energética.

¿Qué son los yacimientos petrolíferos en declive?

Los yacimientos petrolíferos no producen al mismo ritmo indefinidamente. Tras su descubrimiento y desarrollo inicial, la producción suele seguir un ciclo de vida: comienza con una fase de aumento gradual, alcanza la producción máxima y, finalmente, entra en declive terminal. Los yacimientos petrolíferos en declive son aquellos que han superado su pico de producción, y la producción disminuye de forma natural o debido a ineficiencias operativas.

El declive puede deberse a varias razones:

  • Agotamiento natural de los yacimientos
  • Técnicas de recuperación mejorada insuficientes
  • Infraestructura obsoleta
  • Restricciones regulatorias o políticas

Este fenómeno es común a nivel mundial. Por ejemplo, importantes yacimientos en el Mar del Norte, la Bahía Prudhoe de Alaska y Cantarell de México han experimentado fuertes descensos tras décadas de producción. Si bien nuevos yacimientos pueden entrar en funcionamiento, a menudo requieren una mayor inversión, operan en entornos desafiantes o producen a niveles más modestos por pozo.Es importante destacar que la producción mundial de petróleo depende en gran medida de un pequeño número de yacimientos supergigantes descubiertos a mediados del siglo XX. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), alrededor del 70 % del petróleo crudo mundial proviene de yacimientos maduros, aquellos que corren el riesgo de ver disminuida su producción si no se mantienen las inversiones en recuperación mejorada.Comprender la naturaleza y la escala del declive de los yacimientos petrolíferos ayuda a comprender por qué la reinversión, la exploración y la innovación constantes en la tecnología de extracción siguen siendo esenciales para equilibrar los mercados energéticos mundiales.Tipos de declive en la producción de petróleoLas tasas de declive varían según la geología, la tecnología y la gestión del yacimiento. Los tres tipos principales de declive de la producción son:Declive natural: La forma más común está vinculada a la presión del yacimiento. A medida que se extrae el petróleo, la presión disminuye, lo que reduce el empuje natural de los hidrocarburos hacia la superficie.

  • Declive Técnico: Vinculado a fallas en los equipos o una gestión deficiente de los recursos. Por ejemplo, tuberías corroídas o bombas con mantenimiento deficiente pueden reducir la producción de forma constante.
  • Declive Económico o Planificado: Los productores pueden reducir la extracción debido a los bajos precios del petróleo, los límites regulatorios o los cambios en la estrategia de la empresa centrados en los objetivos de emisiones o la eficiencia del capital.
  • En promedio, los yacimientos convencionales disminuyen entre un 4% y un 6% anual. En el caso de los yacimientos petrolíferos marinos y de esquisto, como el de esquisto, las disminuciones pueden ser tan pronunciadas como del 10% al 15% en la producción interanual tras el pico inicial de producción. Este proceso natural de agotamiento exige una afluencia constante de nuevos proyectos simplemente para mantener los niveles existentes de suministro global.

    ¿Cómo afecta el declive de los yacimientos petrolíferos a la oferta?

    La principal consecuencia del declive de los yacimientos es la creciente presión sobre la oferta mundial de petróleo. A medida que los yacimientos maduros disminuyen su producción, los nuevos yacimientos deben reemplazar no solo la producción perdida, sino también satisfacer el crecimiento incremental de la demanda. Sin embargo, la tasa de declive a menudo supera la velocidad a la que se puede poner en funcionamiento nueva capacidad.

    Por ejemplo, la AIE proyecta que la industria petrolera debe invertir más de 500 000 millones de dólares anuales en el desarrollo upstream para compensar los declives naturales y satisfacer la demanda futura. De no hacerlo, se producen déficits de suministro, especialmente cruciales en épocas de tensión geopolítica o interrupciones imprevistas.

    Varias regiones clave ilustran claramente este desafío:

    • Mar del Norte (Reino Unido y Noruega): El Mar del Norte, que en su día fue un proveedor fundamental para Europa, se ha visto afectado por el envejecimiento de su infraestructura y sus elevados costes operativos, que han provocado constantes descensos de la producción. Entre 2000 y 2020, la producción de crudo del Reino Unido se redujo a la mitad.
    • Campo Cantarell de México: La producción disminuyó de más de 2 millones de barriles diarios en 2004 a menos de 200.000 bpd en los últimos años, lo que afectó significativamente los ingresos nacionales.
    • Rusia y Venezuela: Las sanciones, la inestabilidad política y la falta de inversión han agravado las tasas de declive natural, lo que ha provocado una mayor contracción de la oferta en mercados estratégicos.

    Para compensar el déficit, el mercado recurre cada vez más al petróleo no convencional, como el de esquisto estadounidense, el de aguas profundas de Brasil y las arenas bituminosas canadienses. Sin embargo, estas fuentes se enfrentan a mayores costos de producción, mayor escrutinio ambiental y, en ocasiones, curvas de declive más pronunciadas. Esto refuerza el desequilibrio de la oferta y limita las reservas ante futuras crisis.

    La disminución de la producción también intensifica la competencia entre los importadores, especialmente en Asia, donde la demanda de energía sigue aumentando. Los inventarios nacionales estratégicos pueden mitigar los impactos a corto plazo, pero la disminución de la producción base inevitablemente genera restricciones en el mercado con el tiempo y eleva el riesgo sistémico en las cadenas de suministro.

    Volatilidad de precios y sensibilidad del mercado

    El vínculo entre la disminución de los yacimientos petrolíferos y la volatilidad de los precios es directo. Cuando la oferta se reduce y no logra equilibrar el crecimiento de la demanda, los precios suben, a menudo de forma impredecible debido a shocks externos como desastres naturales, conflictos o cambios de políticas.

    Los mercados petroleros ya enfrentan restricciones estructurales debido a la falta de inversión durante el período de bajos precios del petróleo de 2014 a 2020. A medida que se reanuda el crecimiento económico mundial y aumenta la movilidad, un retraso en el desarrollo de nuevos proyectos agrava el problema. La escasa elasticidad de la oferta provoca fuertes presiones al alza sobre los precios, incluso con aumentos moderados de la demanda. Por ejemplo, el crudo Brent se disparó de 20 dólares por barril en abril de 2020 a más de 100 dólares en marzo de 2022, impulsado en parte por la recuperación de la pandemia, las interrupciones en la cadena de suministro y reforzado por la disminución estructural de los yacimientos petrolíferos, que no se vio compensada por la nueva capacidad. Fundamentalmente, la mayor volatilidad de los precios debido a la oferta limitada puede tener un efecto dominó en la economía mundial, afectando la inflación, las balanzas comerciales y la planificación de la política monetaria. En los países en desarrollo que dependen de las importaciones de energía, las fluctuaciones de precios pueden desestabilizar la planificación fiscal y la estabilidad monetaria. A largo plazo, en ausencia de inversiones a gran escala o tecnologías innovadoras, es probable que las limitaciones de la oferta derivadas del declive de los yacimientos petrolíferos mantengan el mercado petrolero mundial expuesto a perturbaciones de equilibrio, lo que elevará los precios y reducirá la confianza del consumidor.

    Materias primas como el oro, el petróleo, los productos agrícolas y los metales industriales ofrecen oportunidades para diversificar su cartera y protegerse contra la inflación, pero también son activos de alto riesgo debido a la volatilidad de los precios, las tensiones geopolíticas y los choques entre la oferta y la demanda; la clave es invertir con una estrategia clara, una comprensión de los impulsores subyacentes del mercado y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

    Materias primas como el oro, el petróleo, los productos agrícolas y los metales industriales ofrecen oportunidades para diversificar su cartera y protegerse contra la inflación, pero también son activos de alto riesgo debido a la volatilidad de los precios, las tensiones geopolíticas y los choques entre la oferta y la demanda; la clave es invertir con una estrategia clara, una comprensión de los impulsores subyacentes del mercado y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

    ¿Cuáles son los riesgos a largo plazo del declive de los yacimientos petrolíferos?

    El declive de los yacimientos petrolíferos no solo plantea restricciones de suministro a corto plazo, sino que también genera riesgos más amplios a largo plazo para la estabilidad económica mundial, la seguridad energética y el ritmo de la transición energética.

    1. Seguridad energética y vulnerabilidad geopolítica

    Los países importadores de energía se enfrentan a una mayor dependencia de un menor número de productores a medida que se reducen las reservas de suministro dominantes. Esto expone las estrategias nacionales a perturbaciones derivadas de disturbios, embargos o decisiones de cárteles. Por ejemplo, la escasez de suministro debido a la disminución de la producción del Mar del Norte aumenta la dependencia de Europa del crudo de Oriente Medio y Rusia.

    Además, las reservas estratégicas solo ofrecen un alivio temporal. Si el nuevo desarrollo se retrasa, estos colchones se vuelven insuficientes, lo que lleva al racionamiento o a importaciones costosas durante las crisis. El declive estructural, especialmente sin diversificación energética, hace que las naciones sean vulnerables a amenazas acumulativas.

    2. Desalineación del horizonte de inversión

    Si bien la economía global busca descarbonizarse, la transición a las energías renovables es desigual entre regiones. El petróleo, particularmente en sectores como la aviación, la petroquímica y el transporte marítimo, sigue siendo indispensable. Una disminución prematura de la inversión en exploración y producción, impulsada por presiones ESG o regulatorias, podría superar la escalabilidad de las tecnologías limpias, creando una brecha de oferta antes de que la demanda se desvanezca por completo.

    Esta desalineación entre los plazos de inversión y consumo corre el riesgo de una crisis energética, con la posible escasez de combustible incluso en medio de crecientes compromisos con las energías renovables. Los inversores se enfrentan a la compleja tarea de equilibrar la rentabilidad a corto plazo, las expectativas de los accionistas y los cambios de política a largo plazo.

    3. Crecientes presiones fiscales en las economías dependientes del petróleo

    Los petroestados dependen en gran medida de los ingresos petroleros para financiar los servicios públicos. A medida que los yacimientos tradicionales se agotan, los gobiernos se enfrentan a una reducción del margen fiscal. Sin estrategias de diversificación bien planificadas, estos países podrían experimentar un aumento de la deuda, la devaluación de su moneda y el malestar social.

    Por ejemplo, la disminución de la producción en Nigeria y Angola ha provocado graves déficits presupuestarios. Mientras tanto, la excesiva dependencia de Venezuela de yacimientos antiguos, sumada a una mala gobernanza, catalizó un colapso económico total. Incluso la Visión 2030 de Arabia Saudita subraya la urgencia de prepararse para un futuro pospetrolero ante el estancamiento de las perspectivas de producción en yacimientos históricos como Ghawar.

    4. Desafíos de la gestión de emisiones

    Irónicamente, el declive de los yacimientos puede generar mayores emisiones promedio por barril. A medida que se agotan los yacimientos de más fácil acceso, los productores recurren a fuentes con mayor intensidad de carbono, como las arenas petrolíferas o los yacimientos de aguas profundas. Esto complica los compromisos climáticos y aumenta la huella de carbono de la producción marginal, a menos que se compense con mejoras de eficiencia o tecnologías de captura de carbono. Desde una perspectiva política, los países deben diseñar planes energéticos que equilibren la continuidad inmediata del suministro con los objetivos de descarbonización a largo plazo. Esto incluye fomentar la inversión en tecnologías petroleras de bajas emisiones junto con las energías renovables.

    5. Respuestas tecnológicas y políticas

    Mitigar estos riesgos a largo plazo requiere una acción coordinada entre las partes interesadas. Las estrategias pueden incluir:

    • Expandir las técnicas de recuperación mejorada de petróleo (EOR), como la inyección de CO₂ o la inyección de vapor, para aumentar la eficiencia de la extracción.
    • Acelerar la exploración en cuencas subdesarrolladas, en particular en mercados fronterizos como Guyana o Namibia.
    • Promover la transparencia y las reformas de gobernanza en los estados ricos en recursos para maximizar el valor económico de las reservas restantes.
    • Fortalecer la colaboración internacional para estabilizar los mercados durante la transición.

    En conclusión, si bien el declive de los yacimientos es una parte natural del ciclo de vida de los hidrocarburos, exige previsión estratégica. Solo mediante una gestión, inversión y una alineación de políticas cuidadosas, los mercados globales pueden mitigar las implicaciones a largo plazo de la disminución de la producción de petróleo en los precios, la estabilidad del suministro y la eficacia de la transición energética.

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