CRÍTICAS DESDE LAS PERSPECTIVAS KEYNESIANAS Y CONDUCTUALISTAS
Comprenda cómo los pensadores keynesianos y conductuales desafían la economía tradicional a través de teorías alternativas y conocimientos del mundo real.
- Descuido de la demanda agregada: Las teorías clásicas se centran principalmente en los factores de la oferta y asumen que la demanda se ajusta de forma natural. Los keynesianos argumentan que la demanda agregada insuficiente es la principal razón por la que las economías entran en recesión y no se recuperan rápidamente sin intervención.
- Supuestos de flexibilidad salarial y de precios: Los modelos clásicos asumen que los precios y los salarios se ajustan automáticamente para restablecer el pleno empleo. Sin embargo, los keynesianos señalan rigideces nominales, como los contratos y las leyes de salario mínimo, que impiden ajustes rápidos del mercado.
- Excesivo énfasis en el equilibrio a largo plazo: Los modelos neoclásicos tienden a centrarse en los resultados a largo plazo, minimizando la importancia de las fluctuaciones a corto plazo, que los keynesianos consideran cruciales.
- Supuesto de igualdad entre ahorro e inversión: La teoría clásica sugiere que el ahorro siempre es igual a la inversión mediante ajustes en los tipos de interés. Keynes argumentó que esta igualdad no siempre se cumple, especialmente en recesiones, lo que conduce a un desempleo persistente y a una subutilización del capital.
Implicaciones políticas de las críticas keynesianas
Una de las conclusiones fundamentales de los economistas keynesianos es que la intervención gubernamental, especialmente durante las recesiones, es vital. Los keynesianos abogan por el estímulo fiscal en forma de aumento del gasto público, recortes de impuestos o ambos. Esto estimula la demanda agregada y ayuda a mitigar el desempleo cuando la demanda del sector privado es débil.
Durante la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19, los responsables políticos de todo el mundo adoptaron paquetes de estímulo de inspiración keynesiana con distintos grados de éxito. Estas intervenciones subrayaron las perspectivas keynesianas sobre la inestabilidad económica y la necesidad de medidas políticas activas.
Desarrollos modernos de la escuela keynesiana
Los economistas keynesianos contemporáneos, como los de la nueva escuela keynesiana, han desarrollado la teoría original integrando fundamentos microeconómicos, como la competencia imperfecta y los costes de menú, en sus modelos. Esto hace que sus críticas sean más accesibles para los economistas convencionales y más adaptables al diseño de políticas.
Además, la crítica keynesiana ha cobrado especial relevancia en medio de los debates sobre la desigualdad, el cambio climático y el estancamiento secular, donde las fuerzas del mercado por sí solas parecen insuficientes para lograr resultados sociales óptimos. Estas cuestiones refuerzan el argumento de que las políticas públicas proactivas son imperativas para abordar los desafíos económicos modernos.
En conclusión, la crítica keynesiana cuestiona la noción de mercados inherentemente eficientes y apoya el uso de políticas gubernamentales para estabilizar y estimular la economía. Su continua relevancia reside en su enfoque práctico de la inestabilidad macroeconómica, que exige una intervención equilibrada cuando los resultados del mercado se desvían de los óptimos de bienestar social.
Críticas fundamentales desde una perspectiva conductual
Las críticas conductuales a la economía convencional señalan varias fallas persistentes en los enfoques tradicionales de modelización:
- Ilusión de racionalidad: La economía tradicional asume agentes racionales que maximizan la utilidad o el beneficio. La economía del comportamiento argumenta que los individuos con frecuencia actúan de forma irracional debido a los efectos del encuadre, la aversión a la pérdida y la racionalidad limitada, lo que limita su capacidad para procesar información compleja de manera eficiente.
- Ignorar los sesgos cognitivos: Los sesgos cognitivos, como el exceso de confianza, el anclaje y el sesgo de confirmación, influyen considerablemente en el comportamiento económico, lo que lleva a decisiones que a menudo contradicen el principio de maximización de la utilidad.
- Descuido de la heurística: Los estudios del comportamiento muestran que, en entornos complejos, los individuos utilizan reglas generales o heurísticas para tomar decisiones, lo que puede producir desviaciones sistemáticas de las opciones óptimas.
- Malinterpretar las preferencias temporales: Los modelos tradicionales asumen preferencias temporales consistentes, pero la economía del comportamiento documenta comportamientos como el descuento hiperbólico, donde los individuos favorecen desproporcionadamente las recompensas inmediatas sobre los beneficios futuros.
Relevancia de las políticas e intervenciones conductuales
Conductual La economía ha tenido un profundo impacto en las políticas públicas, en particular mediante el desarrollo de estímulos conductuales: sutiles cambios de diseño que buscan guiar las decisiones sin restringir las opciones. Por ejemplo, la inscripción automática de empleados en planes de ahorro para la jubilación suele generar tasas de participación más altas en comparación con los sistemas de adhesión voluntaria.
Estos hallazgos han inspirado la creación de unidades gubernamentales especializadas, como el Equipo de Perspectivas Conductuales del Reino Unido, que aplica perspectivas conductuales para mejorar los resultados del bienestar público en áreas como la salud, la educación y el comportamiento financiero.
Las críticas conductuales también han influido en la regulación financiera. La crisis financiera mundial de 2008 expuso importantes deficiencias en los supuestos sobre inversores racionales y mercados eficientes. Los economistas del comportamiento argumentan que el comportamiento gregario, la asunción excesiva de riesgos y la falta de alineamiento entre incentivos desempeñaron un papel crucial en la desestabilización del sistema financiero, lo que impulsó una reevaluación de los marcos de gobernanza económica.
Integración con los marcos de política económica
Si bien la economía del comportamiento inicialmente operó al margen del pensamiento dominante, existe un creciente interés en integrar estas perspectivas en modelos macroeconómicos y microeconómicos más amplios. Por ejemplo, la incorporación de supuestos de comportamiento en los modelos de ahorro o las expectativas de inflación puede ayudar a los bancos centrales a comprender mejor el comportamiento del consumidor.
Además, la economía del comportamiento desafía la opinión generalizada sobre las fallas del mercado y las asimetrías de información. Los modelos basados en el comportamiento sugieren que, incluso en ausencia de externalidades tradicionales, pueden surgir resultados perjudiciales debido a sesgos humanos sistemáticos, lo que pone de relieve la necesidad de una regulación más inteligente en lugar de la desregulación pura o políticas de laissez-faire.En general, las críticas conductuales trascienden el ámbito académico, influyendo en las políticas del mundo real y mejorando la validez empírica de la teoría económica. Al situar la psicología humana en el centro de la economía, la economía conductual presenta un argumento convincente para replantear los supuestos sobre la eficiencia del mercado, la racionalidad individual y el alcance de la intervención pública.
En cambio, la economía conductual tiene una orientación más microeconómica, centrándose en el comportamiento individual y grupal. Utiliza métodos empíricos, extraídos principalmente de experimentos de laboratorio y de campo, para descubrir anomalías y patrones consistentes en la toma de decisiones. Mientras que Keynes ve impulsores psicológicos en el comportamiento agregado, los economistas conductuales los analizan para comprender cómo y por qué los individuos se desvían de las normas racionales.
Implicaciones para la política y los modelos económicos
La integración de las perspectivas keynesianas y conductuales ofrece un conjunto de herramientas más completo para el análisis económico y el diseño de políticas. Por ejemplo, durante una recesión, los keynesianos podrían recomendar estímulos fiscales, mientras que los economistas conductuales podrían mejorar dichas medidas garantizando que los programas se enmarquen y se implementen de forma que se ajusten a las tendencias de comportamiento público, como el sesgo de impago o la aversión a las pérdidas.
Este enfoque multifacético fortalece la gobernanza y la implementación de políticas mediante estímulos tanto a nivel macro como conductuales, mejorando la resiliencia económica y promoviendo el bienestar.
Además, la incorporación de elementos conductuales en los modelos keynesianos —como tener en cuenta la contabilidad mental de los consumidores o las expectativas extrapolativas de los inversores— puede ayudar a refinar las predicciones y las intervenciones. Comprender no solo qué hacer (política fiscal), sino también cómo hacerlo (diseño conductual) permite obtener resultados más efectivos y específicos.
Implicaciones más amplias y desarrollos en curso
La combinación de estas críticas tiene implicaciones más amplias para la evolución de la economía. Ambas escuelas enfatizan la importancia de la incertidumbre, la información imperfecta y las dimensiones sociales del comportamiento económico. Destacan las limitaciones de los modelos basados en supuestos idealizados, lo que exige una mayor base empírica y una integración interdisciplinaria, especialmente con la psicología y la sociología.
En un momento de crecientes desafíos, como el cambio climático, la desigualdad y la innovación digital, estas críticas ofrecen herramientas valiosas para comprender la complejidad de los sistemas económicos. Su incorporación al pensamiento económico dominante no representa un rechazo, sino una evolución, en la búsqueda de una disciplina económica más inclusiva, realista y relevante para la formulación de políticas.
En resumen, las críticas keynesianas y conductuales revelan puntos ciegos en el pensamiento económico tradicional desde perspectivas distintas pero complementarias. Juntas, abogan por políticas que reconozcan las imperfecciones del mercado y la complejidad humana, allanando el camino hacia una ciencia económica más pragmática, responsable y receptiva.