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LA RECOMPENSA ENTRE RENTABILIDAD Y SEGURIDAD EN LOS COLCHONES DE CAPITAL
Comprender el equilibrio entre rentabilidad y resiliencia en las políticas de capital bancario.
Los bancos deben mantener reservas de capital para absorber pérdidas y garantizar la estabilidad financiera durante las recesiones económicas. Estas reservas comprenden el capital básico y las reservas reservadas para proteger a los depositantes y al sistema financiero. El objetivo principal es proteger a la institución ante shocks inesperados, como impagos de préstamos, déficit de liquidez o turbulencias del mercado. Los reguladores, tras acuerdos globales como Basilea III, imponen requisitos mínimos de capital para reforzar la solvencia del sector bancario y disciplinar la exposición al riesgo.Estos colchones no son meros dispositivos regulatorios; indican la solidez financiera de un banco a inversores, clientes y otras partes interesadas. Al mantener un capital adecuado, los bancos pueden seguir prestando, resistir las tensiones del mercado y evitar los rescates gubernamentales que pueden surgir en tiempos de crisis. Además, mejoran la confianza pública y garantizan el acceso ininterrumpido a fuentes de financiación mayoristas y minoristas, lo cual es vital en tiempos de zozobra en el mercado.
Existen varios tipos de reservas de capital que los bancos pueden estar obligados a mantener, entre ellos:
- Reserva de conservación de capital: Una reserva mínima superior al requisito regulatorio para cubrir pérdidas durante períodos de tensión financiera.
- Reserva anticíclica: Se ajusta en función de las condiciones macroeconómicas, principalmente para evitar un crecimiento excesivo del crédito en épocas de auge.
- Reserva de riesgo sistémico: Se aplica a menudo a las instituciones financieras de importancia sistémica (SIFI) para mitigar los riesgos de contagio que representan para el sistema en general.
Si bien las reservas de capital ayudan a garantizar la resiliencia sistémica y promueven una sólida gobernanza del riesgo, influyen en las operaciones y las decisiones estratégicas de los bancos, en particular, en el equilibrio entre mantener la rentabilidad y garantizar la seguridad.
El principal reto al que se enfrentan los bancos al aumentar sus reservas de capital es el equilibrio entre rentabilidad y seguridad. El capital, especialmente en forma de capital ordinario, es costoso. Los accionistas exigen una rentabilidad sobre su inversión, y el capital suele ser más caro que la deuda. A medida que aumentan los requisitos de capital, los bancos se ven obligados a ajustar sus carteras o reducir el apalancamiento, lo que puede reducir la rentabilidad sobre el capital (ROE).Los ratios de capital más elevados reducen la cantidad de activos generadores de ingresos que un banco puede mantener en relación con su capital. Dado que los bancos obtienen ingresos a través de los intereses de préstamos y valores, y que estos a menudo se financian con fondos prestados, unos mayores requisitos de capital limitan su capacidad para apalancarse y aumentar la rentabilidad de bases de capital pequeñas. Esto frena el rendimiento financiero y puede debilitar su posicionamiento competitivo, especialmente en mercados donde los competidores se enfrentan a menores obstáculos regulatorios o gestionan niveles de capital más reducidos.Además, los accionistas suelen expresar su preocupación cuando los ratios de capital superan los umbrales requeridos. Perciben esto como una asignación de capital ineficiente, dado que el exceso de reservas genera una rentabilidad inferior a la de los préstamos o los valores de alto rendimiento. La sobrecapitalización puede provocar la reacción negativa de los inversores, un rendimiento inferior al de las acciones o incluso la desinversión, todo lo cual puede presionar a los ejecutivos bancarios a limitar la acumulación de capital.
En términos de actividad económica, el exceso de capital también puede afectar la capacidad del banco para otorgar préstamos de forma agresiva, especialmente a segmentos de mayor riesgo como las pymes o las startups, donde los márgenes son mayores. Restringir dichas exposiciones, incluso siendo prudente desde el punto de vista del riesgo, puede resultar en un menor potencial de ganancias. Por lo tanto, los bancos deben optimizar sus estructuras de capital para equilibrar el riesgo y la rentabilidad, a menudo utilizando modelos y pruebas de estrés para calibrar los colchones sin limitar excesivamente su mandato de crecimiento y generación de rendimiento.
En respuesta, muchas instituciones financieras recurren a la planificación estratégica de capital, que incluye:
- Refinar las estrategias de activos ponderados por riesgo para minimizar el consumo de capital
- Emitir instrumentos de capital híbridos, como los bonos convertibles contingentes (CoCos),
- Mantener políticas de dividendos alineadas con los objetivos de capital internos y las expectativas externas
Todas estas iniciativas buscan preservar la rentabilidad, a la vez que se mantiene el cumplimiento normativo y se mantiene la confianza pública.
Desde una perspectiva económica y sistémica más amplia, los colchones de capital son esenciales para la estabilidad financiera a largo plazo, incluso si pueden reducir la rentabilidad a corto plazo. La crisis financiera mundial de 2007-2008 dejó a reguladores, inversores y banqueros profundamente conscientes de los peligros que representan las instituciones financieras descapitalizadas. Por lo tanto, se implementaron reformas como Basilea III para abordar la adecuación de capital, la supervisión de la liquidez y el riesgo sistémico.En el entorno regulatorio actual, los bancos centrales y los organismos de supervisión se mantienen alerta. La adecuación de capital no se trata solo de sobrevivir a las recesiones, sino de fomentar la resiliencia en una arquitectura financiera interconectada. Los beneficios de unos colchones más sólidos incluyen:
- Mayor confianza del mercado y credibilidad institucional
- Menores costes de financiación gracias a la mejora de las calificaciones crediticias y la reducción del riesgo percibido
- Mayor flexibilidad durante periodos de estrés (por ejemplo, para apoyar la concesión de préstamos o absorber pérdidas)
Por lo tanto, para los bancos, el enfoque se centra en integrar la gestión de capital en marcos estratégicos más amplios. Esto implica no solo cumplir los estándares mínimos, sino hacerlo de forma que fomente el crecimiento, la reputación y la ventaja competitiva. Algunos bancos utilizan estrategias de optimización de capital, aprovechando la tecnología y el análisis de datos para refinar las asignaciones y prever la demanda de capital en diversos escenarios económicos. Esta postura proactiva permite a las instituciones programar la emisión de acciones, planificar la acumulación de activos o reducir ciertas exposiciones cuando corresponda.
Además, los colchones de capital pueden servir como señales útiles para el mercado, mejorando la transparencia y orientando las expectativas de los inversores. Al mantener una postura prudente en materia de capital, los bancos demuestran una sólida gobernanza y control de riesgos, cualidades atractivas tanto para las contrapartes como para los clientes minoristas.
Sin embargo, el debate también debe considerar la proporcionalidad y la calibración. La banca no es monolítica. Los bancos regionales más pequeños pueden tener mayores dificultades que los grandes bancos universales para captar capital o soportar las cargas de capital. Por lo tanto, los responsables de las políticas públicas revisan periódicamente los requisitos, con la vista puesta en las evaluaciones de impacto económico, las compensaciones coste-beneficio y la implementación proporcional en todo el sector.
En conclusión, es poco probable que la tensión entre rentabilidad y seguridad desaparezca. Sin embargo, es manejable. Mediante una planificación sofisticada, una comunicación transparente y herramientas de capital innovadoras, los bancos pueden sortear esta disyuntiva mientras cumplen su función esencial en la provisión de crédito, el crecimiento económico y la confianza sistémica.
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