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¿POR QUÉ LOS DEFENSORES DEL ORO DESCONFÍAN DE LA MONEDA FIDUCIARIA, LA DEUDA Y LOS REGÍMENES DE LA BANCA CENTRAL?

Los fanáticos del oro creen que el dinero fiduciario, los bancos centrales y la creciente deuda ponen en riesgo la estabilidad económica a largo plazo. He aquí por qué.

Los fanáticos del oro, a menudo considerados firmes defensores de los activos tangibles, mantienen un profundo escepticismo hacia las monedas fiduciarias, el endeudamiento excesivo y los sistemas de banca central. Esta visión no es puramente ideológica, sino que se basa en la experiencia histórica, la teoría económica y el deseo de preservar la riqueza en un sistema financiero global volátil. Sus preocupaciones, aunque a veces desestimadas por los economistas convencionales, subrayan debates cruciales que configuran la política monetaria, las tendencias de inflación y la planificación económica a largo plazo. Aquí, exploramos por qué los fanáticos del oro desconfían del sistema monetario fiduciario, ven con recelo el aumento de los niveles de deuda soberana y piden cautela en torno a las prácticas de la banca central. Comprender esta perspectiva puede ofrecer una visión más amplia de los riesgos macroeconómicos y de por qué ciertos inversores continúan recurriendo al oro como reserva de valor en lugar de depender únicamente de los instrumentos financieros modernos.
Los fanáticos del oro critican con frecuencia las monedas fiduciarias (dinero que no está respaldado por una materia prima física, sino por decreto gubernamental) por ser inherentemente inestables y vulnerables a la manipulación. Sus reservas se basan tanto en principios teóricos como en ejemplos históricos de devaluación monetaria. Inflación y erosión del poder adquisitivo Una de las principales críticas contra el dinero fiduciario es su susceptibilidad a la inflación. Dado que los bancos centrales pueden crear monedas fiduciarias a voluntad, muchos fanáticos del oro argumentan que esto conduce a una expansión monetaria que erosiona el poder adquisitivo del dinero con el tiempo. A diferencia del oro, cuya extracción y refinación requieren un esfuerzo y un coste considerables, las monedas fiduciarias pueden crearse digitalmente casi instantáneamente, lo que conlleva el riesgo de un exceso de oferta. Por ejemplo, las importantes medidas de flexibilización cuantitativa adoptadas durante las crisis financieras (como el colapso de 2008 o la pandemia de COVID-19) aumentaron rápidamente la oferta monetaria. Si bien su objetivo es estabilizar las economías, los críticos argumentan que estas medidas conducen a burbujas de activos y contribuyen a presiones inflacionarias a largo plazo, devaluando así los ahorros en efectivo.

Colapsos monetarios históricos

Los entusiastas del oro a menudo hacen referencia a episodios históricos en los que las monedas fiduciarias se han derrumbado debido a la hiperinflación. Desde la República de Weimar en la década de 1920 hasta Zimbabue en la década de 2000 y Venezuela más recientemente, la historia es similar: los gobiernos que imprimieron dinero en exceso para cubrir deuda o financiar políticas finalmente llevaron a una inflación galopante y a la pérdida total de la confianza pública en la moneda local.

Estas advertencias refuerzan la visión de que el dinero fiduciario solo es tan bueno como la disciplina fiscal del gobierno. Para quienes se preocupan por la preservación de la riqueza, esto es una señal de alerta importante.

Confianza y descentralización

Los sistemas de dinero fiduciario también se basan fundamentalmente en la confianza pública en las autoridades centrales que supervisan la economía. Los fanáticos del oro cuestionan esta confianza, señalando que los gobiernos y los bancos centrales a menudo actúan con agendas opacas e incentivos desalineados. Esta desconfianza impulsa su preferencia por el oro, que es descentralizado, universalmente reconocido e inmune a la interferencia política. En última instancia, el fundamento del dinero fiduciario en la confianza, en lugar del valor intrínseco, lo convierte en un anatema para quienes defienden los activos tangibles. Para los fanáticos del oro, confiar en el valor perdurable de un producto físico es una opción más segura que apostar por la integridad o la competencia de estructuras burocráticas en constante cambio.

Materias primas como el oro, el petróleo, los productos agrícolas y los metales industriales ofrecen oportunidades para diversificar su cartera y protegerse contra la inflación, pero también son activos de alto riesgo debido a la volatilidad de los precios, las tensiones geopolíticas y los choques entre la oferta y la demanda; la clave es invertir con una estrategia clara, una comprensión de los impulsores subyacentes del mercado y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Materias primas como el oro, el petróleo, los productos agrícolas y los metales industriales ofrecen oportunidades para diversificar su cartera y protegerse contra la inflación, pero también son activos de alto riesgo debido a la volatilidad de los precios, las tensiones geopolíticas y los choques entre la oferta y la demanda; la clave es invertir con una estrategia clara, una comprensión de los impulsores subyacentes del mercado y solo con capital que no comprometa su estabilidad financiera.

Estrechamente ligado al escepticismo sobre las monedas fiduciarias se encuentra una profunda sospecha ante el aumento de la deuda soberana, una característica presente en casi todas las principales economías desarrolladas en la actualidad. Los aficionados al oro suelen considerar el aumento de la deuda pública no solo insostenible a largo plazo, sino también una amenaza para la soberanía fiscal y la estabilidad del mercado financiero.

Monetización de la deuda e impuestos ocultos

Una de las principales preocupaciones es la monetización indirecta de la deuda pública por parte de los bancos centrales. Mediante políticas como la flexibilización cuantitativa, los bancos centrales compran bonos gubernamentales con dinero de nueva creación, financiando así el gasto estatal. Si bien esto puede ser útil en situaciones de crisis a corto plazo, los críticos de los fanáticos del oro argumentan que crea una dependencia perjudicial de las autoridades monetarias centrales para financiar los presupuestos, lo que puede ser políticamente más fácil que tomar decisiones fiscales difíciles como subir los impuestos o recortar el gasto.

Esta dinámica también puede conducir a una forma de "impuestos ocultos" a través de la inflación. A medida que más dinero fluye a la economía para pagar la deuda, el valor de la moneda suele disminuir, lo que reduce la rentabilidad real de los ahorros y los ingresos. Para particulares e inversores, se trata de una transferencia sigilosa de riqueza de los ahorradores a los deudores.

Deuda/PIB y solvencia a largo plazo

El aumento de la ratio de deuda nacional/PIB en muchos países es otra señal de alarma. Los altos niveles de deuda limitan la flexibilidad fiscal futura, aumentan los costes de financiación y reducen la capacidad del gobierno para estimular la economía durante las recesiones. Esto crea una estructura financiera frágil que, en opinión de los defensores del oro, es similar a un castillo de naipes.

Por ejemplo, para 2023, países como Japón y Estados Unidos tenían ratios de deuda/PIB muy superiores al 100%, lo que genera dudas sobre la capacidad de pago de la deuda a largo plazo sin sacrificar otras prioridades nacionales. Los inversores en oro argumentan que esta situación no puede persistir indefinidamente sin desencadenar un reajuste económico o monetario significativo.

Preparación para crisis y el oro como seguro

Dadas estas correlaciones, los fanáticos del oro suelen considerar los metales preciosos como pólizas de seguro contra una posible crisis de deuda soberana o un reajuste monetario. El oro, como activo finito pero sin rendimiento, no está vinculado a los pasivos de ningún país. Esta distancia aumenta su atractivo cuando la confianza en la solvencia nacional comienza a debilitarse.

A medida que las situaciones fiscales empeoran en todos los países y los mercados financieros se entrelazan cada vez más, crece el temor al contagio y al riesgo sistémico. Los fanáticos del oro, a su vez, se posicionan con una base de activos que creen que resistirá las consecuencias de un apalancamiento excesivo y una gestión fiscal irresponsable.

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